Tengo tiempo tratando de unir dos historias en una sola. A la verdad nunca me había tomado tanto tiempo poder acomodar las ideas para una publicación, pero tratare de ser lo más sencillo y claro posible.
Empecé a tener una relación con Dios a los 15 años y muy rápidamente me empecé a desenvolver en el servicio a Dios por medio de la música. En ese entonces se me enseñó que nosotros (los músicos) éramos los responsables de llevar a la congregación a la presencia de Dios; si alguno de nosotros no estaba limpio, la presencia de Dios no fluiría a causa del pecado.
No pasó mucho tiempo cuando durante un congreso, después de un tiempo de música de alabanza y adoración, el cual me pareció muy bueno, el predicador invitado se subió a la plataforma y expresó lo siguiente: “les quiero pedir una disculpa, porque este grupo de alabanza no nos supo llevar a la presencia de Dios”.
Me sentí impactado, pensando en cómo se deberían de haber sentido los muchachos del grupo, a la vez que sacado de onda porque había sido un momento, en el que según yo, había sentido la presencia de Dios. Durante las siguientes horas solo estuve pensando y preguntándome si Dios había estado realmente ahí o no (no me acuerdo de que fue la predicación), o si fue puro emocionalismo de mi parte, o peor aún, empecé a sentir una culpa inmensa de pensar en cuantas veces yo había estado en el escenario y que por mi culpa la congregación no entró a la presencia de Dios.
Tiempo después, recuerdo a un miembro de la congregación que al final de la reunión se me acercó para decirme cuanto anhelaba ser parte del “Grupo de Alabanza”, aunque no sabía tocar ningún instrumento él quería ser parte del ministerio que llevaba a la congregación a la presencia de Dios (lo que él no sabía era que yo pasaba más tiempo pegado al play station, que lo que en realidad pasaba “en la presencia de Dios”). Y me describió como el veía el ministerio de alabanza, como algo supremo, algo más espiritual que todo lo demás, como que nosotros teníamos el privilegio de estar más cerca de Dios que todos ellos.
Tiempo después aprendí que tan equivocadas eran esas ideas.
Joel Brown, lo describe de la siguiente manera: “LA PRESENCIA NO ES UN LUGAR
La palabra presencia aparece en la escritura 173 veces. Alrededor de la mitad de esas veces hace referencia al lugar físico donde reside Dios. Esto es particularmente verdadero en el Viejo Testamento, donde Dios se aparece en lugares como el tabernáculo o el templo.
El Nuevo Testamento nos enseña que, en Cristo, Dios ha escogido maravillosamente estar con nosotros. Emmanuel vino (Mateo 1:23) y desde entonces, su presencia ya no se hace manifiesta en un lugar específico (Juan 4:23-24, Hechos 17:24-25) o meramente mortal (Hebreos 4:14-16; 9:23), sino que la presencia de Dios en la tierra está en la vida de cada creyente a través de su Espíritu Santo.
Esto quiere decir que los músicos NO SOMOS MEDIADORES, ni los responsables de hacer descender la presencia de Dios. La presencia de Dios esta porque así mismo lo prometió Jesús en Mateo 18:20, y solo Él es el mediador entre nosotros y Dios (2 Corintios 5:18). Quiere decir, que con música o sin música, Él está presente.
Por otro lado, la música solo es y debe ser una forma más de alabanza y adoración. El grupo de alabanza no son los músicos de tu congregación, el grupo de alabanza debe ser TODA tu congregación. Niños, jóvenes y adultos que han conocido la Gracia de Dios, que son portadores no solo de la imagen de Dios, sino también de su presencia y que alaban y adoran a Dios con cada aspecto de sus vidas; en sus hogares, escuelas, trabajos, relaciones interpersonales, hábitos, costumbres, palabras, pensamientos, etc.
Bill Clem menciona lo siguiente:
“En el principio, Dios estableció límites para el hombre (Adán). En un mundo sin pecado, competencia o paranoia, los límites son buenas cosas. Estos límites son una oportunidad para obedecer a Dios, en esencia, para declarar a Dios como el único al que le daremos adoración, viviendo una vida acorde a Su deseo y voluntad.
Adoramos a Dios rindiendo nuestra voluntad a Él y viviendo vidas que reflejen Su Supremacía. Si algo tan simple como un habito alimenticio puede significar adoración, entonces estamos obligados a sacar el término “adoración” fuera de la esfera de la música e introducirlo en vías de acción, actitud y relaciones, en otros términos, en todos los aspectos de la vida diaria”.
Entender que el tiempo de la alabanza y adoración durante un servicio de Domingo es igual de importante que respetar a tus gobernantes, ayudar a la viuda y al huérfano, pagar impuestos, ser empleado responsable, patrón justo, el mejor estudiante, esposo, hijo, hermano posible, etc., te va a llevar a ser parte del grupo de alabanza más increíble que existe, que ama a Dios con todo su ser, que vive para alabarlo con cada acto y que con su vida glorifica a su Creador, sin tener que tocar una sola nota musical, para que su presencia sea manifiesta no solo dentro de cuatro paredes, sino en cada lugar que pisen las plantas de sus pies.
Que tu propósito de año y el de toda tu vida sea, ser parte del Grupo de Alabanza.
Ref. Disciple, Autor Bill Clem
Ref. ¿La música nos lleva a la presencia de Dios?, Joel Brown, traducido por siguelamatadando.com