jueves, 14 de octubre de 2010

Descuidos o accidentes


Todavía al escribir estos términos no sé donde termina uno y comienza el otro. Son dos palabras con significados totalmente diferentes y sin embargo comúnmente confundidos.

Creo que un accidente es cuando algo que se tenía totalmente planeado, para lo cual se previeron  los más finos detalles, se sale de control o arroja un resultado inesperado.
En cambio un descuido es la falta de atención en las cosas, que provoca daños y pérdidas a corto, mediano y largo plazo. Por lo que creo que lo que la mayoría de las veces consideramos un accidente, algo producto de la casualidad, algo que estuvo fuera de nuestras manos, es en realidad un descuido que pudimos haber prevenido y que estuvo en nuestras manos o en las de alguien más antes de convertirse en algo no deseado.

Ojala les pudiera contar mis múltiples “accidentes” que he tenido en carretera durante mis viajes, que en realidad todos estuvieron directamente relacionados con descuidos propios y que de haber tomado las decisiones correctas antes de que sucedieran, se pudieron haber evitado, desde un choque, fallas mecánicas, ponchaduras, etc.
Hay uno en particular que se me viene a la mente y el cual estuvo a punto de costarme la vida, por se tan descuidado conmigo mismo y no tomar decisiones correctas. Esta es la historia.
En esa ocasion fui a la ciudad de Phoenix, Arizona, a tomar unos días de recreación (a sacar curas ps...), iría a un recital de guitarra y pasar un buen tiempo con amigos. El viaje comenzó el viernes muy temprano y tenía que estar de vuelta el Domingo antes de las 8:30am para el servicio de mi Iglesia. Típico, llegar y salir con los amigos, ir de compras, comer y desvelarse durante esos días. Había decidido regresarme el sabado a las 9:00pm, ya que era tiempo suficiente para cruzar la frontera tiempo y llegar a “buena” hora mi ciudad tras 3 horas de camino. Por alguna razón, el tiempo allá no se me había hecho suficiente y quise quedarme más tiempo, sin considerar las consecuencias y olvidando que me tenía que regresar.
Por fin decidí regresarme a la 1:30am. Causa y efecto…a los pocos minutos de haber de ir manejando me empecé a sentir muy cansado, sentía que tenía a alguien parado sobre mis hombos y apenas podía mantenerme despierto. Supongo que en algún momento me quede dormido. Debieron haber sido segundos cuando los botidos exagerados de mi auto me despertaron y fije mi vista al frente y vi que iba directo a chocar con el puente que dividía una intersección de la carretera.

Ese pudo haber sido un “accidente” demasiado aparatoso y no ocasionado por cansancio o sueño, ya que eso tiene solución (descansar y dormir). Hubiera sucedido simplemente por ser tan descuidado conmigo mismo y no prevenir que algo así podía pasarme y no haber hecho algo cuando la situación estaba en mis manos.

Un descuido puede ser fatal en todos los sentidos.

Los descuidos destruyen vidas, matrimonios, empujan a la gente a sumergirse en vicios, quitarse la vida, etc. Y esto no es algo que deba tomarse a la ligera.
Si nos damos cuenta del área (s) que estamos descuidando y fallando, podemos corregir y hacer algo al respecto, antes de quedarnos dormidos y terminemos entre fierro retorcido, vidrios y gasolina (metafóricamente hablando).

Creo que no puede haber desastre mayor que descuidar nuestra relación con Dios, porque entonces empezamos a hacer las cosas por rutina y no por convicción, por obligación y no por comunión, por criterio personal y no por guía del Espíritu Santo y todo esto da como resultado personas con amargura, frustradas y con el corazón lleno de remordimientos por las cosas que han descuidado y que quisiera cambiar, o por las cosas que han estado ocultas por tanto tiempo y que los ha orillado a vivir una vida con mascaras, o simplemente sin las fuerzas para volver a comenzar a tener una relacion con Dios, cuando su mayor deseo es seguirnos atrayendo hacia El.
El Salmo 119:23-24 es una oración sincera de un hombre que anhela caminar en la voluntad de Dios y por el camino eterno. ¿Recuerdas quien dijo “yo soy el camino, la verdad y la vida”? Caminar significa poner la mirada hacia el frente, evitar desviaciones, evitar distracciones, fijar nuestra mirada solamente en Cristo, el unico camino.

Estoy convencido de que el tiempo no se pierde, se invierte. Tú decides donde lo quieres invertir, si a corto o largo plazo y masque nadie conoces los resultados posibles de tus inversiones.
No descuides tu relación con Dios, y si lo has hecho, hoy es un buen día para orar como el salmista y pedirle a Dios que nos guie hacia él. Sin lugar a dudas ésta es una inversión eterna.

Atte. Fco Saa